La fe que salva…, si salva, ¿de qué nos salva?

 

La fe que salva…, si salva, ¿de qué nos salva?


La historia de amor más grande de la creación: El amor de Dios por Sus criaturas; que a su vez es la primera columna del cristianismo: Dios hecho hombre: La encarnación

Juan 1:14 Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, como la gloria del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad.

Imagínense, Yahweh Dios, un ser etéreo, perfecto, creador de todo lo visible e invisible, decide encarnarse en un hombre; y para hacerlo escoge en la tierra a una mujer inmaculada como Su madre. Solamente el amor verdadero y acrisolado, puede explicar que Dios perfecto, se convierta en imperfecto, con el Divino fin de enseñarnos el camino a la salvación. Si leemos el versículo siguiente, con detenimiento, seremos consciente de nuestro amor por Él. Este es el principio medular para entender la fe.

1Juan 4:19 Nosotros lo amamos a él, porque Él nos amó primero.

Introducción al problema: La fe que salva…, si salva, ¿de qué nos salva?

 Será que nos:

A ― salva del pecado original

B ― salva de los pecados, pasados, presentes y futuros

C ― salva de la condenación, es decir, de la segunda muerte

D salva de todo lo arriba aseverado, es decir, todas las anteriores, o

E ― ninguna de las anteriores

Respuestas:  ítem E, ninguna de las anteriores.

                     

Tres pilares del cristianismo: muerte en la cruz del Señor Jesucristo por nuestros pecados, Su resurrección y Su ascensión al Reino de los Cielos

Tú, ¿crees en los pilares del cristianismo?

¿Por qué crees? ¡Por fe! ¿Es tu fe un producto de la razón? ¿Una razón que surgió tras conocer hechos históricos recopilados y transmitidos de generación en generación hasta quedar plasmados definitivamente en los evangelios? O…

¿Por qué crees? Crees por un sentimiento muy bonito y placentero que da calma a tu alma; y producto de ellos piensas o crees que aquel sentimiento es la fe.

2 Pedro 1:5 “Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud y a la virtud, conocimiento”.

Pongamos en pausa el argumento sobre la radical auto contestación. Respuestas: ítem E, ninguna de las anteriores.

La publicación sobre la fe (03.06.25) vimos que puede aplicarse a diversos ámbitos, pudiendo depositarse en algo o en alguien; por ejemplo, fe en un médico, etc. La actual publicación se centra únicamente en la fe en Dios.

Definamos primero que es fe: Diccionario Tuggy

Πίστις = Fe, εως = hasta, ἡ = la Fe, confianza, creencia, convicción, buena fe, doctrina, garantía, muestra, compromiso, fidelidad. A.T. אֵמוּן

Obtenemos la fe por tres acciones humanas y una Divina.

El Conocimiento nos da la convicción de que creemos en Dios, porque estamos conscientes de que Su hijo, el señor Jesucristo estuvo entre nosotros, predicó por tres años, murió por nuestros pecados, resucito de entre los muertos, y luego de 40 día de permanecer con los apóstoles y discípulos, ascendió al Cielo.

La aceptación o asentimiento llega después, casi de inmediato y de manera voluntaria, gracias al libre albedrío. Es meritorio, no por “las obras”, sino por la valentía de aceptar a Dios como nuestro Creador y Salvador frente al mundo. Ese es el verdadero mérito. Gracias a la confianza (fiducia), elemento volitivo de la fe; este componente está relacionado de modo directo con la voluntad de querer creer. Este es uno de los mecanismos que complementa la adjudicación de la fe. Es decir, creemos gracias a que somos libres de creer o no.

La razón o el razonamiento. Los dos primeros solo pueden ser posibles gracias al razonamiento, obviamente, de la razón. Por tal “razón”, se puede llegar al entendimiento y conocimiento; y una vez llenos de verdad y lejos “temporalmente de la dudas”, que por desgracia nos puede pasar; aceptamos por fe que Dios existe. Pero para ellos hemos leído, escuchado, estudiado y revisado las Sagradas Escritura y múltiples predicaciones. Y Para completar y complementar la certeza de una verdad absoluta, viene la acción Divina directa en nosotros.

Dios, en Su infinita omnipotencia y bondad, nos concede la fe como un injerto Divino por pura Gracia inmerecida. Esto ocurre cuando, de manera consciente y voluntaria, decidimos creer en Su Hijo, el Señor Jesucristo, como nuestro Salvador y Señor. La fe que Dios nos otorga es una virtud teologal, un regalo inmerecido que no aumenta el conocimiento, pero que es voluntario y, por ende, meritorio de nuestro libre albedrío. Este don divino brinda al ser humano la oportunidad de alcanzar la vida eterna.

Romanos 11:6 Y si es por la bondad de Dios, ya no es por los hechos; porque si así fuera (hechos), la bondad de Dios ya no sería bondad. DHH

La fe no es algo indeleble ni permanente. Por diversas razones humanas y las influencias del enemigo, podemos atravesar crisis de fe. Por eso, es fundamental perseverar en Dios y pedir en oración que fortalezca y aumente nuestra fe. Asimismo, la iglesia a la que pertenezcamos debe instruirnos en las Sagradas Escrituras para mantener vivas las enseñanzas de Dios y sus preceptos. En otras palabras, utilizando un lenguaje contemporáneo, es necesario "actualizar" la fe constantemente. No lo olviden.

Recapitulando, la fe se obtiene por:

Conocimiento de las enseñanzas de la biblia y al escuchar las predicaciones.

Mediante razonamiento, no solo de nuestro intelecto, sino de todo nuestro ser, solo así sentimos que Dios está junto a nosotros.

Decisión voluntaria por el libre albedrío, de creer que Dios existe y es nuestro Salvador. Y…

Dios, en Su infinita omnipotencia y bondad, nos concede la fe como un injerto Divino por pura Gracia inmerecida.

El amor de Dios y la fe en Jesucristo se hicieron evidentes y tangibles cuando el Mesías Prometido murió en la cruz. Así, Cristo nos muestra que no basta con decir "yo creo". No será quien diga "Señor, Señor" quien se salve, sino aquel que realmente cumpla la voluntad de Dios, obedeciendo sus enseñanzas y mandamientos con verdadera fe.

Sin embargo, no salva solo tener fe. Pongamos pausa. El argumento explicativo debe esperar. Antes meditemos:

La fe si da muchas bendiciones, p. ej.,

1.- Nos reconcilia con Dios, y

2.- Es entonces cuando aquel ya reconciliado decide apropiarse de Cristo, y lo recibe como Su Dios y Salvador, y nace una bendita confianza hacia Dios, e inicia una relación personal con Jesucristo.

3.- Una vez lleno de fe, recibe en su vida al Espíritu Santo, quien guiará su camino, tanto como ayuda espiritual en perseverar en Dios, como en proveer sabiduría Divina.

4.- La fe es el inicio de una correlación personal con Yahweh Dios, es la inauguración de una vida de constricción y arrepentimiento.

5.- Provee la metanoia, es decir, una transformación de la mente, que dará como fruto un cambio de actitud. Actuará como un buen cristiano, amando a Dios y al prójimo.

6.- Ha nacido ya, el anhelo de mantener una relación personal con el Mesías.

No obstante, la influencia de una iglesia docente es esencial. Así la fe se mantendrá y será infalible cada día. La guía espiritual de la iglesia, es imperiosa; de lo contrario, podría perderse de manera inexorable.

Tito 3:5-8 (…), nos salvó por el lavamiento de la regeneración, y de la renovación del Espíritu Santo;

Filipense 2:12c 12 Por tanto, amados míos, ya que siempre han obedecido, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocúpense en su salvación con temor y temblor.

Sigamos reflexionando:

Han pensado que se podría caer, inconsciente o conscientemente, en tener más fe en la ―fe―, que fe en Dios. Mucha gente cree que la fe salva, o sea, el vocablo o palabra o grafía “FE”, salva; y no es así, muchos dirán que es una obviedad que la palabra fe no salva; pero créanos, hay gente que están convencidos que la palabra fe por si sola salva. Empero no es así; quien salva es Dios, una vez que hemos cumplido los prerequisitos y una vez que Él haya injertado la fe Divina en nosotros. ―Dios Salva, la Divina Trinidad, Ellos salvan―. Nadie más. Aun así, este blog continúa preguntándose:

¿De qué nos salvan?

Recordemos estos versículos antes de entrar en el tema:

Eclesiastés12:14 Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.

Hechos 17:31 por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

1 Corintios 3:13 pero el trabajo de cada cual se verá claramente en el día del juicio; porque ese día vendrá con fuego, y el fuego probará la clase de trabajo que cada uno haya hecho.

1 Pedro 4:17 Ya ha llegado el tiempo en que el juicio comience por la propia familia de Dios. Y si el juicio está comenzando así por nosotros, ¿cómo será el fin de los que no obedecen al evangelio de Dios?

Mateo 13: 29 Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

Y hay más versículos hermanos. Todos los seres humanos, el día del juicio seremos juzgados por el Señor Jesucristo, por nuestras obras buenas y obras malas. Entonces, ¿de qué nos salva la fe dada por Dios?

Diálogo en el Cielo entre un creyente difunto y Dios, antes del juicio

Dramatización:

―Buenas tardes, padre Celestial.

―Hola, hijo mío, el cielo es atemporal, no existe el día y la noche; siempre es floreciente primavera.

―¡Gracias a Dios!… disculpe… gracias a Usted estoy en el Cielo

Antes de tu juicio final frente mi Hijo Jesús, contesta varias preguntas. Sé qué crees en Mí por fe; lo has difundido por donde vas… Pero responde. ¿Conoces los 10 mandamientos y las enseñanzas que Jesucristo predicó en la tierra?

―Sí, Padre Celestial.

Pero, ¡como puede ser eso!, un día, mientras volvías de tu trabajo, Yo te pedí agua en la esquina de B con A, y pasaste desentendido, me ignoraste: no me distes de beber. Y, pese a que conoces la biblia, y tú tan devoto, y a sabiendas de conocer los versículos, NO cumpliste; hablo de Mateo 25:41-46 (…) »Pues tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber (…); 44 Entonces ellos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o como forastero, o falto de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?” 45 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicieron.” 46 Esos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

La desobediencia a mis preceptos es incontable. Y no solo contigo, sino con la inmensa mayoría de los que llegan al Cielo. No obstante, si me amaran con todo su corazón, con toda su mete, con toda su alma y con toda sus fuerzas (Mateo 22:36-40); ¡Yo Soy el que Soy!, YAHWEH, les hubiera ayudado a obedecer los mandamientos y a practicar las enseñanzas de Mi Hijo Jesús. Pero, no lo hacen, solo repiten y repiten: “soy salvo por fe…”

Juan 14:15 Si me amáis, guardad mis mandamientos. 

Podríamos continuar entregando más ejemplos de la desobediencia; pero no es necesario porque está claro que solo la fe, no salva; debemos obedecer los mandamientos de Dios y cumplir las enseñanzas del Señor Jesucristo plasmado en los Evangelios. Santiago 2:17.18 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.  Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

Existe un agravante más al ejemplo anterior. Muchos cristianos, creo que, en demasía, cuando escuchan ―obras―, su sistema nervioso se altera, entran en crisis afectiva. Para ellos, escuchar la palabra obra tiene una connotación intensa, más que si le hubieran mentado a su progenitora. Se enervan y, con mucho o poco conocimiento teológico, se lanzan a refutar, y en varios casos de forma airada; aun cuando, el Apóstol Santiago lo explica claramente; demostrando que las obras están enfocadas o direccionadas de modo continuo con la fe. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Qué factor podría generar indignación entre estos creyentes? Es el dogma. Porque este permanece atrapado en un concepto erróneo de fe. Creen más en la palabra «fe», que en la verdadera fe que se debe tener en Dios, y, asimismo, carecen de una correcta reflexión cognitiva sobre ella. Como hemos visto, la fe no es un sentimiento; debe ser asumida con todo nuestro ser, alma, corazón, mente y vida cristiana. Solo así Dios, nuestro Creador, implantará divinamente la fe en nosotros, y será este implante espiritual nuestra verdadera fe, durante esta vida temporal, quien nos brindará el maná de la espiritualidad.

Siguiendo con las obras, estas no solo son físicas, sino también mentales y espirituales. Por ejemplo, cuando una persona busca alcanzar un conocimiento, como el de la fe, sigue un proceso: aprende, atiende, escucha, reflexiona, fija lo aprendido en la memoria, vuelve a reflexionar, evoca ese conocimiento, genera un sentimiento, y finalmente actúa o toma una actitud guiada por su voluntad. Esta obra es el fruto del esfuerzo mental y corporal. En otras palabras, la obra no se limita a dar caridad en la esquina de A y B, aunque eso también sea importante, sino que incluye el trabajo de la mente, la voluntad y la afectividad.

En resumen, las obras están presentes en todo lugar y no podemos ignorarlas. Es mejor confiar en Dios, quien injertará en cada uno de nosotros Su Espíritu Santo; así tendremos apoyo en los momentos de debilidad. Confía en Dios, no solo por hacerlo, sino con convicción. Y la convicción se sustentará en Cristo y en Su obra de encarnación como Dios, Su muerte, resurrección y ascensión al Cielo. Mas, siendo teológicamente exactos, la fe por sí misma no salva, pero sí es el medio necesario por el cual logramos la salvación. Es Dios el fundamento de nuestra salvación.

Él salvará a los que tenemos fe, pero debemos cumplir sus mandamientos y enseñanzas. La gran revelación de la fe que salva, es que la fe no da salvación al 100%, sino que la fe, bien interiorizada y refrendada por Dios, nos abre las puertas del Cielo. La fe que salva nos lleva al cielo, pero para ser juzgados. Allí en el Cielo, nos juzgará el Señor Jesucristo. Y si queremos alcanzar la vida eterna, o sea, ser cien por ciento salvos, debemos ser obedientes de sus preceptos y enseñanzas. Es obvio que muchos estarán en desacuerdo, así que, lean este verso:

1 Corintios 11:19

Hay que pagar la deuda que tenemos ante Dios. Es lo menos que podemos hacer por Jesucristo que murió por nuestros pecados y por nosotros mismos. Seamos gratos, debemos dar gracias por llevarnos al Cielo, ¿cómo?, cumpliendo Sus Santas Escrituras.

 









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